Reseñas

Call Me by Your Name. Desde un lugar en el norte de Italia en 1983, con amor

Desde su estreno en el festival de cine de Sundace hace ya un año (22 de enero de 2017), Call Me By Your Name ha hecho una notable carrera en los festivales en los que se ha presentado (Toronto, Berlinale, San Sebastián), ganando un lugar dentro de las mejores películas del año y entrando en la lista de favoritas de cineastas como Xavier Dolan.

Reciba o no algún reconocimiento de la academia, sin duda hay que aprovechar la oportunidad que nos dan sus nominaciones a los grandes premios de la temporada para verla en la gran pantalla desde el pasado 25 de enero en Colombia.

Dirigida por Luca Guadagnino y escrita por James Ivory (guion adaptado de la novela de 2007 de André Acima), Call Me By Your Name es la historia de amor entre Elio (Timothée Chalamet), un joven de 17 años, y Oliver (Armie Hammer), un estudiante de posgrado que pisa los treinta, y quien llega a la casa de los padres de Elio no solo para ser asistente de su padre en el verano, sino para compartir las comodidades con las que viven y ser parte de sus vidas.

La película no ha estado alejada de la controversia debido a la diferencia de edad entre los personajes, pero el clima en Hollywood en esta temporada de premios ha permitido que ésta no sea la discusión principal y podamos disfrutar el filme como lo que es, una historia sobre el primer amor, sobre descubrirse y sobre permitirse amar.

También escapa de las historias de amor gay atormentado. Es casi como si estuviese en una burbuja en el tiempo, espacio y sociedad, y en el microuniverso de una postal italiana en movimiento que nos muestra paisajes idílicos, desayunos en el jardín, paseos en bicicleta, jugos de albaricoque, fiestas nocturnas al aire libre y un verano en el que casi podemos sentir la humedad en el ambiente.

Una historia de amor contada con una interesante estética artística e intelectual y al mismo tiempo salpicada de pequeños elementos de la cultura popular de los ochenta, los cuales logran conectarnos con la nostalgia de una época más sencilla.

No es gratuito este entorno que vemos en el filme. La música, la literatura, el arte como objeto de estudio del padre con el alumno orientado a la escultura griega clásica. Casi como un subtexto, se nos dice que estas personas entienden perfectamente la manera como los griegos concebían el cuerpo humano masculino: la forma más grande de exaltación de la belleza (y por tanto las relaciones homosexuales tenían connotaciones diferentes a las occidentales que han regido por siglos nuestra sociedad). Y haciendo eco de esta premisa, ahí están las melodías de piano de Elio o el torso desnudo de sus protagonistas, dándonos así un ejemplo actual de esa belleza. ¿El resultado? Un relato universal acerca del primer amor y cómo muchas veces éste redefine nuestras vidas.

Ese es el encanto de la película: Chalamet logra que nos enamoremos de Elio y su coming out interno al descubrir poco a poco la atracción por este extraño misterioso a quien primero acusa de odioso en su comportamiento con su frase de combate “…Later”, pero que va encontrando fascinante, al tiempo que su cuerpo responde a esto mismo. Claramente el relato se desarrolla desde el punto de vista de Elio; no obstante, también podemos ver algunos conflictos en Oliver propios de llegar a la época en la vida en la que no sabemos si hemos sido lo suficientemente buenos hasta el momento.

Sin embargo, la identificación principal, esa que hace que llegado el momento la película nos ponga muy emocionales, es cuando recordamos como ese primer amor entró en nuestras vidas y se hizo la principal razón para existir cuando fue correspondido, o como se siente tener que experimentar un amor que, lo sabemos, tiene fecha de caducidad y como irremediablemente llega a su fin o a una separación.

Call Me By Your Name es vivir un poco -o en mucho- pasajes de los amores que hemos tenido. Nos lleva a reflexionar de forma convincente sobre el hecho de que la finalidad del amor no es siempre encontrar un “felices por siempre” sino haberse permitido amar y ser amado. Para cuando esto se nos revela, sentimos –al igual que lo hace Elio- que todo ha valido la pena. Se gane o se pierda, amar es ante todo vivir, y esto hace que salgamos del teatro reconciliados con el mundo… aunque la película nos haya rasgado un poco el alma en el proceso.

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